12 June 2013

La escasez de la verdad (Conclusión)

SEGUNDA ENTREGA
     Un periodista acucioso (según sus colegas rivales vinculado a IBM) se detuvo en el singular caso del equipaje del ingeniero Max Pederewski: la famosa silla Juliette.  Luego, curiosamente, sucedieron a esta nota, otras en las que se continuó por una semana hablando del asunto…y de las bondades de este producto estrella de IBM en el remoto y desolado Marte.  “Sin duda –concluía en una de sus notas el cuestionado hombre de prensa- allí su valor se centuplicará.”  Sospechosamente el precio de este milagro de la robótica finisecular se fue a la estratósfera.  Y, además, en los siguientes vuelos colonizadores se empezó a tomar en cuenta no solo el peso y dimensiones de los objetos transportados como equipaje, sino el precio.  A partir de ciertos ceros hubo que pagar por lo transportado al lejano Marte; eso incluía los impuestos a los viejos disidentes ricos.  Este trato injusto y antidemocrático operó hasta el último viaje de los colonizadores en 2096. Posteriormente los viajes de suministros a las colonias contemplaban el mismo criterio discriminador.  Bajos impuestos para los menores de 60, altos para los mayores de 60.

Maqui mascota bionica del ingeniero
Extraño nombre para esta criatura. Lleva el nombre de un gran amigo del abuelo Manuel

     Por eso los jerarcas de las colonias no tenían una silla como la de Pederewski.  Pero en verdad no era por simple usura, pues ellos habían pensado con otros criterios.  En vez de masajes, aromas, vinos o delicatessen, sus embalajes rebosaban de equipos médicos y medicinas de todo tipo.  Lo que pasaba era que Pederewski, a pesar de sus 60 años, no solo gozaba de excelente salud sino que hacía gala de ello. Hablaba y vivía como un gourmand; recibía mensualmente de IBM su sueldo de jubilado en dólares, previo descuento de lo que tocaba a su ex mujer.

     Max bebía una copa de vino, la última que probaría seguramente  en seis meses.  La botella de vino, un simple vino de mesa, estaba vacía, pero aún así tenía cierta existencia digna, como el resto de los objetos terrestres que eran productos ya consumidos, meros envases, tan comunes en el planeta patria, pero tan escasos en ese lugar.

Marte 13 de marzo de 2096
En este planeta no hay neoliberales. Todos se han quedado en la Tierra para acabar con ella

    Las manos de Juliette le acariciaron las sienes, luego vino el olor de panqueques que preparaba su madre, la fragancia de la miel de maple pura, y tras ello, extrañamente, los de los vapores de una cocción de estofado de lengua de buey, guiso logrado tras horas de paciencia y sabiduría culinaria, preparado de factura materna también.

TERCERA ENTREGA
      Pensó en fumar luego de beber, gota a gota, ese líquido rojizo que había cruzado millones de kilómetros de distancia y miles de años de historia.  ¿Quién le había enviado cigarrillos a él, que no fumaba?  Martha, su ex mujer.  Realmente sus parientes enviaban cualquier cosa, con el pretexto de que muchos artículos escaseaban en la Tierra y probablemente de algunas de ellos no se volvería a saber.  La producción de vino había decrecido por asuntos del mal clima, el precio se había elevado horrores y solo estaba al alcance de millonarios, políticos y altos mandos militares.  Pero incluso –relataba su hijo menor en una videoconferencia- para conseguir una botellita de buen tinto había que anticipar el pago y esperar que a las semanas atiendan el pedido.  Ese sistema de disfrazado racionamiento se  había iniciado dos años atrás, en el 2094.

Nieto de Manuel el 2096
Igualito al abuelo, salvo los ojos: no ha sacado sus ojitos de ratón de pulpería

    Pero fumaría y con placer; se lo había prometido.  Probablemente si se extendían los conflictos en la Tierra ya no se verían cigarrillos ni vinos en mucho tiempo.  El renacer del tabaquismo, hacía ya décadas, luego de hallarse la cura contra el cáncer  dependía igual del clima y la política.  El sentiría, desde luego, solo la ausencia de las lágrimas de la vid terrestre.  Beber vino era como reponer la sangre.  ¿Cuánto tiempo se las pasaría sin vino?  Juliette detectó una ansiedad que escalaba ciertos niveles  próximos a la desesperación, algo típico de la neurosis del gourmet.  Max empezó súbitamente a sonreír.  Olor ligeramente fuerte a sudor humano, luego olor a sexo post coital y finalmente un confuso aroma de desodorante femenino para partes íntimas.  La robot  no deseaba excitar sexualmente a Max y por eso sus manos, específicamente sus dedos –que los tenía- hicieron presión en determinados puntos del índice de digitopuntura.  La emisión inicial de feromonas era solo para alejarlo súbitamente de su obsesión por el vino y su escasez.

Taxis espaciales cercanos al barrio de Max, a quien
no le gustan las caminatas como a su ancestro

      Pero media hora después Pederewski estaba contemplando por uno de los observatorios del complejo habitacional este, el azul atardecer marciano.  El mirador en el que se encontraba era una especie de periscopio que sobresalía del desierto marciano.  Veinte metros más abajo estaban enterrados los complejos habitacionales, las colmenas humanas que se había tardado más de 40 años en construir y equipar y que inauguraran los pasajeros del New Mayflower.

     El sunset era sin duda hermoso y sobrecogedor.  Pero mientras en la Tierra ese sol de color naranja imponía al cielo un incendio insolente de colores, y promovía sentimientos de vitalidad y serenidad, en Marte ocurría algo diferente.  Un pequeño sol asalmonado parecía una semilla expulsada de un fruto, una bolsa azul.  Este era el color dominante.  Era un color un azul fronterizo con el gris azulado de las radiografías.  En verdad deprimía.  Debía pasar mucho, mucho tiempo para que los humanos se acostumbraran al sol marciano.  Cuando así ocurriera, pensaba Max, seríamos una mutación.  Por de pronto  él estaba totalmente de acuerdo con  Schereiber, su mejor amigo, en que las condiciones de vida de las colonias producirían una nueva especie humana.  El hombre había vivido en las cavernas, pero nunca como los gusanos y aún en peores condiciones.  Que tenían todas las comodidades, las tenían, pero... Shereiber decía, con suficiente sabiduría, que el hombre no estaba preparado aún para vivir sin Dios. Aún requería que la primavera, la fragancia de las flores, el trino de las aves y el inigualable sabor de la cereza fuera un regalo de Natura, es decir de la divinidad, no un producto de laboratorio. Max era un ateo viejo, Shereiber un bautista confundido.  Pero tenía razón en bastante medida pues una persona medianamente inteligente no podía dejarse seducir por viajes a cualquier lugar de la Tierra en vacaciones…¡sin salir de Marte!  Con esta promesa, cumplida, se reeligió, el actual gobernador general de las colonias.  Yo escojo una isla de los mares del Sur y me proveen de un lago artificial, con aguas color turquesa y arrecifes de mentira y rodeado todo por hologramas fabulosos.  Y puede ser la sabana africana, algunas calles de Colonia, Barcelona, Nueva York o las ruinas de Macchu Picchu.  Única condición para disfrutar: creer.

     Estos pensamientos hicieron rodar a Pederewski cuesta abajo en la depresión, pero ya no estaba Juliette para pensar en él.  Pero él si podía pensar en Juliette y fue entonces que regresó a su mente el consejo de Shereiber:  “No te pido que te deshagas de ella, simplemente alquílala; nadie en Marte tiene algo así.  Entiendo, incluso que te puede hacer sexo manual, o sea masturbarte”.  Max toleraba estos excesos vulgares de Shereiber porque a su edad ya estaba firmemente persuadido de que nadie es perfecto y menos su amigo.  Antes si hubiera estado en copas le habría lanzado una trompada a Shereiber cuando le planteó la idea.  ¡Prostituir a su Juliette!  Era algo vil.  Pero quizá si iba al psicoanalista, y este lo convencía de que alquiler y prostitución no eran la misma cosa…pero para ir a un psicoanalista –había uno solo y carísimo- debía…alquilar a Juliette.  Respecto al vino, Shereiber le había asegurado que tenía conocidos que vendían vinos en el mercado negro.  Alzó su copa con el último sorbo de vino para hacer contraste con el azul marciano.  El líquido brilló con intensidad violeta.  ¿Era su última copa?

Ha heredado la afición por el vino, pero este, que llega de la Tierra, es muy escaso. 
Max está pensando hacer un destilado de corcho

La escasez de la verdad (Comienzo)

LA ESCASEZ DE LA VERDAD/Carlos Orellana
Nouvelle de ficción científica
PRIMERA ENTREGA

     Max Pederewski maldijo. Había intentado por horas comunicarse con su hijo sin éxito.  Desde hacía algunas semanas la comunicación era difícil, casi tortuosa, pero ahora simplemente el planeta Marte estaba totalmente incomunicado con la Tierra.  Alguna explicación habría para el asunto, pero a él le importaba un carajo.

Conjunto habitacional donde vive Max
Feíto, pero las viviendas tenían subvención del Gobierno e IBM

     Volvió a tomar su copa de vino y se  apoltronó en su hermosa silla ergonómica con masajeador y aromatizador.  Era una de las pocas cosas que había traído de la Tierra y por Dios que nunca se arrepentiría.  Alguien le dijo cuando embalaba su equipaje “¿estás loco: gastar de esa forma los setenta pies cúbicos permitidos como equipaje?”  Pero él no hizo caso y solo rellenó huecos del embalaje con vinos caros, té fino, chocolates belgas y somníferos.  Aquella silla, carísima,  que usó durante diez años en su oficina de la IBM en Wellington era una maravilla.  Bastaba que uno se sentase en ella para que  en cuestión de segundos Juliette, así se llamaba este producto estrella de International Business Machines, detectara qué punto del cuerpo necesitaba ser, no frotado sino acariciado por sus manos robóticas, con el telón de fondo de una melosa voz original en inglés, pero que desde luego uno podía cambiar con una simple reprogramación, de tal manera que la voz de Juliette, fuera la el ser amado, o la de nuestra madre.  Esto último venía a constituir un riesgo ya que esta singular máquina no se detenía ante criterios o normas morales, solo atendía las necesidades del cuerpo humano, de acuerdo a la información que recogía mediante sofisticados mecanismos de medición, de la temperatura, dolor, emociones de la persona que la usaba.  Así que a veces las manos de la silla-robot acariciaban los pechos o el bajo vientre de los usuarios.  Juliette,  indagaba, además, por nuestras necesidades de olores gratos y gratificantes.

Max durante la Gran Polución 2066
Nieto de Manuel Pederewski cuando se produjo la catástrofe predicha por Al Gore 60 años atrás

     Pero había ido más allá del antiquísimo arte de la aromaterapia y no solo proporcionaba aromas de aceites esenciales, sino olores precisos a partir de los datos que proporcionaba el bulbo olfativo cerebral. Max, que era un lector voraz leyó las cien páginas de Juliette y fue, seguramente, uno de los pocos en la Tierra que sacó total provecho a la silla.  Juliette podía programarse para que entrará en Fase Freud y proveer de masajes, aromas, proverbios y poemas que terminasen con estados de depresión y aburrimiento; también estimulaba, a pedido.  Era una experiencia alucinante.  Pederewski estaba frente a la computadora escribiendo o en una video conferencia y de pronto le nacía de los labios una sonrisa como una flor, el cuerpo se relajaba, se medio adormecía, se dejaba sitiar por olas tibias de aguas color turquesa y luego por olores que venían uno tras otros, como en una caravana de ricos mercaderes atravesando el desierto.


La Tierra en 2096. Conforme uno acercaba descubría mucha basura espacial. 
Y si uno aterriza en cualquier lugar del planeta todo era una mierda

     Hasta donde él sabía era el único que gozaba de este prodigio de la robótica en Marte, no solo porque conocía al revés y al derecho el manual, sino porque…nadie  supuestamente contaba en las colonias con una silla Juliette.  Existía, como no, una explicación para hecho tan insólito, ya que en Marte vivía gente muy rica y poderosa.  Luego de que un diario de la Tierra publicará la lista de los primeros mil pasajeros del New Mayflower y su equipaje, hubo una serie de comentarios alrededor de las personas que viajaban.  La gran mayoría eran mayores de 60 años, científicos e intelectuales disidentes que había optado entre esa alternativa o el Proyecto Namibia.

Las esposas de Enrique VIII

A propósito de un libro que acabo de terminar sobre sus tres primeras mujeres y los caprichos, intrigas y esfuerzos de Carlos Enrique por engendrar un varón a cualquier precio.  

A leer, jijunais.

Las esposas de Enrique VIII, rey de Inglaterra, fueron:


1. Catalina de Aragón, (1485-1536)  Hija de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.  Prometida a Arturo Tudor, Príncipe de Gales, se casó a los 15 años, pero Arturo murió a los pocos meses.  Para conservar la alianza con Inglaterra se casó con el hermano menor, Enrique, heredero al trono.  Le dió una niña pero ninguno de los varones sobrevivió la infancia.  Enrique solicitó al Papa Clemente VII anular el matrimonio de 24 años con el argumento de que ella no podía concebir varones.  Al no ser autorizado se divorció mediante ley del Parlamento en 1533, iniciando la ruptura entre Roma e Inglaterra, creando la iglesia anglicana.  Falleció a los 50 años.

2. Ana Bolena, (1501-1536), segunda esposa.  Nacida en la aristocracia inglesa y educada en Francia.  De regreso a Inglaterra fue dama de compañía de Catalina de Aragón, donde llamó la atención de Enrique, quien le propuso matrimonio en 1527.  Fue coronada en 1533, y después del nacimiento de la princesa Isabel I, no pudo volver a tener un embarazo exitoso.  Acusada y apresada por adulterio e incesto para permitir a Enrique casarse con otra.  Fue decapitada y está sepultada en la torre de Londres.

3. Jane Seymour, (1508-1537) tercera esposa de Enrique; quien se sintió atraído por ella cuando era dama de compañía de Ana Bolena.  Le dio su único heredero varón, Eduardo VI de Inglaterra, quien falleció a los quince años de edad.  Murió 12 días después del nacimiento debido a una fiebre puerperal.  Está enterrada en el Castillo de Windsor.

4. Ana de Cleves, (1515-1557) fue la cuarta esposa, durante sólo seis meses en 1540.  El matrimonio nunca se consumó, sin llegar a ser coronada reina y permitiendo la anulación.  Fue recompensada con propiedades. Permaneció como amiga del rey. Está sepultada en la Abadía de Westminster. Sin descendencia.

5. Catalina Howard, (1525-1542) fue la quinta esposa.  Prima de Ana Bolena. Después de la anulación del matrimonio, fue decapitada en la Torre de Londres.  Sin descendencia.

6. Catalina Parr, (1512-1548), sexta y última esposa de Enrique VIII, y la única que lo sobrevivió. Sin descendencia.

11 June 2013

Más del 50% de peruanos

El sexólogo y urólogo Max Lazo reveló que más del 50% de peruanos mayores de 40 años sufre disfunción erectil y que este puede ser síntoma de dolencias más graves como diabetes e hipertensión.  


"El problema es de los varones pero también de la pareja, pues ella queda insatisfecha en la relación sexual.  Hay que buscar ayuda ni bien se inicie el problema.  Lo que pasa es que en el Perú el machismo hace postergar la búsqueda de ayuda", precisó. 

Las causas son stress, tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, depresión, colesterol alto, baja testosterona, vida sedentaria, problemas neurológicos y cardiovasculares, diabetes, entre otros.

"Hay fármacos como los antidepresivos, ansiolíticos y algunos tratamientos para la próstata que pueden producir disfunción sexual masculina.  El consumo de drogas como cocaína, marihuana, anfetaminas, etc, afecta negativamente la sexualidad.  El alcohol en pequeñas dosis desinhibe al individuo, mejorando su performance sexual favoreciendo la erección y retardando la eyaculación, pero en grandes dosis es un depresor del sistema nervioso", indicó.

La disfunción debe tratarse atendiendo el problema médico: por ejemplo un paciente diabético, hipertenso o dislipidémico mejorara bajarndo el azúcar, presión arterial o grasas.  A veces se recetan fármacos facilitadores de la erección como viagra, levitra y cialis.

"Si bien existe un arsenal terapéutico para tratar la disfunción eréctil, debemos evitarla llevando una vida sana, ingiriendo alimentos que contengan grasas de origen vegetal libres de grasas trans, ricos en omegas 3,6 y 9, alimentos bajos en sal, evitar una vida sedentaria, practicar ejercicios de tipo cardiovascular, controlar la presión arterial, glucosa y colesterol", finalizó.

Cordero y Velarde

A propósito de fiebre, calentura e imaginación tropical.

Entre los personajes del anecdotario político está Pedro Cordero y Velarde, quien por los años cincuenta, recorría las calles de Lima vestido con un no muy limpio frac, flor blanca en el ojal y sombrero de copa.


Había perdido un tanto la razón, deambulando con mirada melancólica y sombría, añorando mejores momentos en su vida.

Autoproclamado "Apu Inca Verdadero - Jefe Supremo de las Fuerzas del Aire, Mar, Tierra y Profundidades”, aparecía deambulando por el centro, con una banda presidencial y condecoraciones en el pecho.

Sin embargo no había perdido su amor a la patria, ni el interés por ayudar a los pobres, que proclamaba en su periódico “El León del Pueblo”.

Cordero y Velarde formaba parte del escenario diario al que estaban acostumbrados los capitalinos; muchos de quienes optaban por comprar el modesto ejemplar, como una muestra de solidaridad.  No faltaron quienes se burlaran de él y sus alucinaciones.

A fines de 1961, su triste figura no se vio más: se disolvió en la neblina del húmedo clima limeño.

10 June 2013

Me pregunto

Vicisitudes de la política criolla 

Desolada tras fallar el indulto.  Me pregunto: ¿dónde churchill está mi padrino?

9 June 2013

Carta a mi mono apachurrito

Aclaración del administrador del blog
Esta carta me fue entregada en agosto pasado, durante mi breve visita a Lima.  Inicialmente, dudé en publicarla por su explosivo y ofensivo contenido (ver el final donde se me maltrata y atribuyen vicios lamentables e improbables), pero ante el reciente alud de confesiones, y siempre fiel a mis ideas libertarias, no me queda sino publicarla.

La luz del día es el mejor desinfectante.  Que juzguen mis amigos deustuanos.
Shalom.
Moshé


Fina cortesía del Ing. Pederesqui
 Carta a mi mono apachurrito:

Casi me caigo de espaldas cuando me enteré de ti por la Fresia, no sé si te acuerdas de ella, una pelirroja que también era trans y que vivía frente a la Católica.  Ay, me muero apachurrito de saber que han pasado ya 40 almanaques y aún sigues en mi músculo cardíaco presente, mi dulce amor, mi ilusión juvenil, mi aparición en el Jamboree, que como sabes ya no existe.

¿Cómo te fuiste a Gringolandia sin despedirte de mí, monito ingrato?  Bien esto eres.

Yo que te amaba un día te busqué por todo Pueblo Libre, peiné las todas las casas, parecía una loca, toda despeinada, toda agitada.  Hasta en la morgue te busqué.  No mentira, pero estuve varios años tratando de encontrarte porque te deseaba, porque eres el único hombre que me ha hecho vibrar como un vibrador, que me convertía en Ima Sumac de tanto grito que daba.

Ay que macho eras, Algo, que fuerte a pesar de lo flaquito que eras.  Y todas mis amigas se morían por ti las muy pendenciaras, pero tú no tenías ojos sino para tu Coco Loco, tu Coco Rayado, tu Coco Channel, ¿te acuerdas mi vida?  Todas las chapas tan lindas que me ponías, siempre tan ocurrente.  Ay, Algo, me quiero suicidar de solo pensar que estás tan lejos y has rehecho tu vida, pero el amor cuando es puro es noble y te deseo lo mejor del mundo.

Pensarás que estoy loca pero no quiero verte cuando vengas al Perú porque si te veo me voy a convertir en una caníbal porque te voy a comer.  Yo estoy todavía regia, mira mis fotos y mis videos en Internet, y tú no estás mal, apachurrito.  Te voy a comer si te vuelvo a ver.  No me llames nunca por teléfono cuando vengas a Lima, que nuestros cuerpos no se acerquen nunca más.  Ay, Algo, mejor allí la dejamos.

Solo quería dejarte esta carta con ese señor tan amable del blog de tu cole, un viejito que tiene un nombre medio raro, Pederesqui o algo así.  ¿Es tu profe del colegio, no?  Es muy simpático, me dejó su número de teléfono de Nueva Zelandia el tío, medio mañosón.  Por el te dejo esta carta que es como una botella lanzada al mar, mi cielo.

Siempre tuya eternamente,
Tu Coco Rayado